Obdulia Nuñoz

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“Nací en un pueblo pequeño de la sierra de Santiago Ixcuintla, se llama Estación Yago. Dice mi mamá que cuando nací estaba lloviendo mucho, yo creo que por eso me encanta la lluvia. Desde chiquilla, a mí me regañaba mi papá y yo me iba debajo de un almendro y escribía. No recuerdo qué escribía, pero me acuerdo que le escribía a los pájaros y a los arroyos. Escribía cualquier cosa, siempre me gustó escribir. Crecí y estudiaba en Santiago Ixcuintla, después estudié psicología en Tepic. Me casé y tuve dos hijos. Desde que estaba casada me di cuenta que era una relación muy tóxica, era un matrimonio muy feo. Siempre he tenido muchos primos y familia en Estados Unidos y yo decidí ir allá a tener a mis hijos por lo que fuera a pasar. El matrimonio no se arreglaba y fue cuando se dio el divorcio, un divorcio muy tormentoso, mucha violencia y abusos. En una oportunidad que vi, tomé a mis hijos y me salí, salí huyendo del país por la violencia que viví. Emigré a Estados Unidos, donde habían nacido mis hijos. Estoy radicando en el estado de Washington; ya tengo quince años allá, voy y vengo. Allá trabajo para las escuelas dando clases de español a los niños en un programa transicional. Estando allá comencé a ver que estaba pasando el tiempo, ya tenía treinta y tantos años y decidí que era hora de hacer algo y aterrizar las cosas que tenía al aire. Tenía en un montón de libretas poemas por aquí y por acá, con eso yo dije que haría un libro. Escribí un libro que se llama Desnuda. Es parte también como de la nostalgia que tuve de no poder venir, quería estar acá y no podía, yo añoraba mucho. Salía de trabajar por las tardes y me salía a un balcón con mis cigarros y una copa de vino y escribía. Fue una especie de catarsis, sacaba lo que yo no podía de otra manera. Yo estuve muy marcada por el machismo, el libro era una protesta en contra de ello. Ahora el machismo ya no me asusta. Con muy buena suerte, al año que llegué conocí a unas personas que me recomendaron y me puse a trabajar para el gobierno de Estados Unidos. Mi trabajo equivale a lo que es aquí la procuradora de la defensa del menor, era gestora de la violencia doméstica hispana. Allí aprendí mucho de los programas que tienen y cómo trabajan, siempre soñé con regresar a México y hacer esto acá. En dos mil ocho inicié la Fundación Lavor de Amor, una asociación para apoyar a mujeres cabeza de familia como lo he sido yo, que no tienen apoyo económico de nadie. El fin es hacer talleres y trabajar con las habilidades de ellas, he estado buscando proyectos. La Fundación nació de una propia vivencia, es lo que pasé yo. Es una forma de pagarle a la vida lo que a mí Estados Unidos me ha dado; me dio refugio cuando más lo necesité. En ese tiempo yo hubiera querido que alguien me apoyara aquí en México, si hubiera tenido eso yo no me voy. Antes nadie me protegía, yo me acuerdo que tocaba puertas y nadie me hacía caso. Me desesperé y me exilié prácticamente. Ahora ya puedo regresar más seguido porque mis hijos ya están grandes y no hay peligro que había antes. Ha sido un poco difícil porque voy y vengo, ahora ya estaré un tiempo aquí. Ahí estamos que prende y apaga, como podemos hemos logrado al menos sostenerla en el sistema mexicano en todas las dependencias y está registrada en Estados Unidos también. Me siento con más confianza de empezar a hacer los proyectos que tengo pendientes aquí en México y sobre todo en la costa de Nayarit.”

Obdulia Nuño, 44 años
Activista
Ella es #nayaritadelcentenario
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