Melesio Piña

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“Soy originario de Tepic a mucha honra. En la casa, mi familia se dedicó a la carnicería, a la tablajería y como consecuencia de ello a la cría de ganado lechero y para los jaripeos y charreadas. Ese fue el entorno en el que nos desarrollamos, alrededor de los becerros, las vacas, los chivos, los puercos, las gallinas, un ambiente de campo. Mi padre nos hacía que lo acompañáramos recorriendo grandes distancias. Teníamos como litoral el río Mololoa, ahí nosotros nos enseñamos a nadar y lanzar, pudimos convivir con un medio ambiente muy sano. Para mí era muy natural el deporte, mi madre fue una mujer que nos indujo al deporte; ella fue una basquetbolista destacada de un grupo de jóvenes de La Alameda. Con ese antecedente yo siempre estuve anhelando hacer las hazañas que mi mamá logró con ese grupo de muchachas jóvenes. Soy de una familia numerosa de nueve hermanos, fui el antepenúltimo, naturalmente siempre había competencia; para correr, para lanzar, para jugar luchas, hacer trabajos de fuerza, resistencia, la soga, la charrería, carreras de a caballo y carreras a pie. Empecé yo corriendo contra caballos para mostrar la capacidad que por nuestra propia alimentación y medio ambiente está presente en la población nayarita. Corría contra los caballos arrancones y me daba cuenta que tenía capacidad. Soy un destacado y esforzado nayarita que tuvo la oportunidad, en el gobierno del doctor Julián Gascón, con motivo de la promoción preolímpica, de poner en el escenario deportivo muy alto el nombre de nuestro estado en las pruebas de atletismo. En las escuelas, se iniciaba en el sesenta y cuatro una gran movilización de la sociedad nayarita con motivo de los Juegos Olímpicos. Nayarit fue privilegiado con un grupo de técnicos que fueron dando la noción, la orientación y los aspectos fundamentales para una práctica deportiva ordenada y sistemática con miras a formar generaciones que pudieran estar en el gran evento nacional de México que hace cincuenta años se celebró. La décima novena Olimpiada, que fue considerada como una de las más brillantes que se han realizado en el mundo en virtud de que fue una verdadera fiesta de la juventud. Con la promoción preolímpica se hizo un gran movimiento en las escuelas, era obligado que se dedicara uno o dos días a la semana para que todos los niños fueran al estadio olímpico, hoy destruido desafortunadamente. El estadio olímpico era una escuela de detección de talentos, se hacían pruebas para detectar cualidades básicas en un niño: velocidad, resistencia, coordinación, fuerza y sobre todo el carácter. Se movilizaban niños no sólo de Tepic sino de todas las cabeceras y pueblos de los municipios y sobre todo de la sierra. Un grupo de militares iba determinando para qué era apto cada niño de acuerdo con sus capacidades físicas y mentales. Se fueron formando grupos que iban dirigidos a diferentes deportes; por mis características a mí me mandaron al atletismo. Fuimos trabajando con un método más científico para trabajar lo que se había observado y optimizar las características. Se empezaron a hacer estudios para ver cómo es el niño nayarita y empezar a modelar lo que debería ser el ciudadano nayarita desde la edad temprana. Estando en este proceso, los entrenadores expertos en psicología aplicada a la práctica deportiva buscaban motivarte para ser el mejor de todas las escuelas del país. Se fue generando un desarrollo para que estos grupos que iban surgiendo pudieran tener encuentros con jóvenes de otros estados de la República para ir midiendo nuestras deficiencias y cualidades que podíamos aprovechar. Llegué a ser el mejor de mi país y decidí prepararme para ir a los Juegos Olímpicos; eso implicaba un desarrollo diferente al que llevaba en mi estado. Cuando llegas al contexto de una representación nacional, tienes que prepararte bien para representar a tu país, tienes que sacrificar otras cosas. Yo llegué tarde al Comité Olímpico porque estaba terminando aquí mis estudios de bachillerato, me llamaban pero hasta que no terminara todas mis cosas pensaría qué hacer. Decidí ir a México para prepararme de manera profesional en la Universidad Nacional y prepararme deportivamente en otro contexto que exigía otras responsabilidades. Llegué en febrero del setenta y ocho aceptado en la Facultad de Derecho e incorporado en el Comité Olímpico. Tuve estímulos para seguir yendo a la universidad y una bequita para todos los materiales que fuera a necesitar, era tan bello que tenía que hacer un redoble para seguir en la selección. Cambié la prueba que había hecho hasta entonces, de correr cien y doscientos metros; me canaliza el entrenador para hacer la prueba de cuatrocientos metros. En mi segunda competencia ya estaba rompiendo la marca de cuatrocientos metros, a partir de ese momento rompí siete veces la marca antes de llegar a Juegos Olímpicos. Inaugurados los Juegos Olímpicos la sociedad mexicana se volcó a celebrar y disfrutar, dejando de momento olvidado lo que había pasado el dos de octubre. La fiesta se volvió un deleite para nosotros como participantes pero también para los espectadores y turistas extranjeros. Corrí la prueba de cuatrocientos metros un día dieciséis de octubre a las cuatro de la tarde, corrí en el carril número seis y quedé en sexto lugar, ya no pasé a la siguiente ronda. En la prueba de relevos de cuatrocientos metros corrí el primer relevo. Éramos un grupo de jóvenes compitiendo con atletas que tenían cuatro u ocho años. Tuve un aprendizaje muy satisfactorio, seguí preparándome porque el proyecto estaba pensado hasta Múnich. La verdad es que se corta el proyecto por la situación que se vivía en sesenta y ocho. Después de los exuberantes apoyos que se vivían previo a la preparación olímpica, vino la cruda realidad y se cancela todo el apoyo al deporte. Se derrumbó la idea de la planeación deportiva que estaba destinada para Múnich y posteriormente a Montreal. Al año siguiente, que empiezo a dar frutos de mi preparación exhaustiva, rompí el récord nacional hasta llegar a la marca que se quedó durante diecisiete años. Al año siguiente llegué a los Juegos Centroamericanos de Panamá y logré la medalla de plata. En el setenta y uno asistí a los Juegos Panamericanos en Cali, Colombia. Empezaba a dedicarme a trabajar, con la falta de apoyo para ir a Múnich decidí retirarme y dedicarme a terminar mi carrera profesional. Me titulé como licenciado en derecho y ejercí como abogado. Participé en el derecho social, estuve trabajando en la materia laboral y en derecho agrario, que era mi campo más cercano. Hice una maestría en sociología rural y me dediqué mucho a la capacitación rural y al litigio de las comunidades indígenas. Formamos aquí el Instituto del Deporte con Celso Delgado tratando de hacer el proyecto de la promoción que se hizo para los Juegos Olímpicos. Dadas las condiciones y sin recursos, logramos que se formara el instituto y que se apoyara a niños y jóvenes, fui el primer director. Tuve mucho apoyo de entrenadores que habían sido deportistas como los hermanos Hermosillo, dejamos las bases fundamentales de una institución que a la fecha se puede decir que ha dado frutos. Creo que debe hacerse algo más, que debe haber más promoción y debe el instituto llegar a más regiones, sobre todo las más marginadas. Cuando yo estuve, con la Comisión Nacional del Deporte hicimos un nuevo estudio para ver las condiciones del niño nayarita como cuando yo era deportista. Recorrimos los entonces diecinueve municipios del estado y obtuvimos un perfil con las posibilidades del niño nayarita, lo dejamos como un patrimonio pero no sabemos si se utilizó. Lo que sé es que en el atletismo se le dio mucho seguimiento en este trabajo y ha sido uno de los deportes que más resultados ha dado en olimpiadas nacionales. Como parte de la experiencia que he vivido en el deporte, estoy trabajando en la materia de derecho al deporte y asesoro a asociaciones deportivas en esto. Trabajé en la elaboración de la primera ley del deporte con Raúl González, sigo trabajando en esta materia. Sigo haciendo textos para buscar este tirón que requiere el deporte en nuestro país. Estoy trabajando en un texto para buscar retomar esto que fue el nacimiento de aquella promoción preolímpica que permitió a México formar una delegación de jóvenes con nuevos valores y una visión de futuro bastante sólida y humanística. No solamente buscar buenos deportistas, sino fundamentalmente formar buenos ciudadanos, creemos que México está en posibilidades de nuevamente tomar el rumbo.”

Melesio Piña, 70 años
Atleta y promotor
Él es #nayaritadelcentenario
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