Carlos González

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Carlos González

“Soy originario de Tepic, pero como la familia es de Santiago vivimos un tiempo ahí. Mi mamá es de Santiago y salió también muy joven del rancho. La escuela la empecé en Tijuana, allá me terminé de criar. Mi papá trabajaba en los autobuses aquí en Tijuana, estuvo trabajando casi cuarenta y cinco años manejando un camión de Tijuana a México y de México a Tijuana en una empresa que ya dejó de existir. Yo creo que por su orgullo nunca vino a trabajar para Estados Unidos, él trabajó en México toda su vida y allá se retiró. Mi mamá sí venía a trabajar, limpiaba casas. Creo que es la curiosidad que te llega estando en una ciudad frontera, vives en Tijuana y trabajas en Estados Unidos. Soy migrante, llegué a los Estados Unidos a la edad de diecisiete años. Como todo paisano que sale del país, salí lleno de ilusiones, lleno de gran entusiasmo por empezar una nueva vida. Aquí sigo todavía, por los tiempos decidí trabajar y vivir en Estados Unidos. Llegué a trabajar a un restaurante chino, estuve lavando platos. Trabajé en ese restaurante como por ocho meses y entonces regresé a Nayarit, estuve trabajando en el campo de agricultor, de tabaquero. Me regresé al tiempo y conseguí trabajo con una prima otra vez en restaurantes. Cuando regresé empecé limpiando el piso en la noche, ya cuando todos se iban limpiaba los tapetes y la cocina. Después lavé ollas, platos y pasé a ser preparador, cocinero y ahí duré ocho o nueve años. Me casé a los veintisiete años con una persona de mi rancho, vino de vacaciones y me di cuenta y la fui a visitar. Estaba en Los Ángeles, ahí duró un buen tiempo. Se vino a San Diego ya para regresarse a Nayarit y aquí la intercepté y le propuse matrimonio. Dos días para que ella se fuera me dijo que sí y al otro día nos fuimos a casar a Las Vegas. Me enfadé del restaurante y conseguí trabajo en una farmacia entregando medicina, ése ya fue el trabajo que en el que me quedé, estuve quince años. Me hicieron supervisor, después manager y ahí estuve. El negocio lo vendieron en tres ocasiones y yo estuve un tiempo con ellos, con el seguro nacieron mis hijos. Nos aventamos a comprar una propiedad, la tuvimos y la perdimos cuando la crisis del dos mil siete. Muchas personas perdieron sus casas, explotó el mercado y llegó el momento en que no podíamos hacer los pagos y las tuvimos que dejar. Para eso yo me hice ciudadano, les arreglé los papeles a mi mamá y a mi esposa. Mi mamá tenía ya un crédito limpio y con eso pudimos comprar de nuevo la misma casa a mitad de precio. Cuando terminé en la farmacia me involucré en la Federación de Nayaritas en Estados Unidos, buscando cosas que hacer empecé a acercarme a las reuniones. Una persona de mi rancho me puso como vicepresidente del Club Emiliano Zapata en California, él era presidente y luego me dejó a mí. Con la renovación de la toma de nota de la Federación de Nayaritas en San Diego, me postulan a mí como candidato y quedo yo como ganador unánime. Ya voy para seis años de presidente, me reeligieron. Estamos por hacer la nueva toma. La satisfacción que tiene uno al formar parte de un club y compartir lo que te ha dado este país con tu gente, lo poquito que se puede aportar para hacer una mejora y poder ayudar a algo en tu comunidad es indescriptible. Estados Unidos es noble y es duro también, si te portas bien te va bien. Mi plan es seguir con el trabajo de la Federación con el presidente que quede electo, seguir viendo por nuestras comunidades.”

Carlos González, 47 años
Migrante y activista
Él es #nayaritadelcentenario
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