Bernardo Macías

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Bernardo Macías

“Soy periodista, escritor y poeta. Así se estilaba, era un término del siglo pasado, un refinamiento. El Venado surge por mi nombre de pila, casi a la mayoría de Bernardos nos dicen así porque de pequeñitos no pueden pronunciar las erres. Soy de Nayarit, aquí nací en Tepic cerca de lo que eran los Estadios, por la Avenida Allende y Construcción. Una época muy bonita, era un Tepic moderno, silencioso, con avenidas muy amplias, limpio, era una ciudad blanca, en ese Tepic crecí. Fuimos siete hermanos. Eran todos comerciantes en mi familia, no había más que un libro en mi casa: la Biblia. Todos eran católicos pero yo era el único que la leía, lo veía como una novela grandiosa. Y quizá pensaron en mí para ser un varón que ayudara en las tareas del comercio. Mis papás tenían una tienda en Puebla y Zaragoza: La Famosa Bonetera, un negocio próspero, tienda de ropa y mercería. Yo le batallaba porque yo no quería estar ahí y mi papá era muy drástico, ahorita ya no hay padres así. Todo era comercio, imposible pensar en otra cosa. Era lector en un mundo de analfabetas. En mi vida empezaron las letras, no tenía ninguna condición para ejercerlas más que la escuela. Literatura, gramática, historia; ésas eran las materias ligadas a las letras. Pasé la escuela porque yo era el que declamaba en los eventos, yo era el que memorizaba algunos textos poéticos de Amado Nervo y de otros; me pasé la escuela escribiendo y declamando. Desde la secundaria me destaqué en las letras. Cuando abrieron la preparatoria en la UAN me tocó a mí entrar, pero no fui regular. Al primer lugar al que me fui a la aventura fue a Guadalajara, un poco desahuciado del trato familiar, y un mucho soñando en las letras. Trabajé en el Hotel Tapatío, ahí cumplí dieciocho años y me fui a México un año después. Lo primero que fui a buscar fueron los talleres de periódicos y los talleres literarios, son los sueños del escritor y del poeta conocer esos ambientes y los ruidos de las máquinas. Aunque no me gustara, sabía trabajar; combiné trabajos con actividades de corrector de galeras en los periódicos. Pagaban diario, llegabas para la edición de la noche, la sección política. Estuve en El Universal, El Día y otro periódico que se llamó El Periódico, que fue efímero. No redacté, hice trabajos de corrección y acudí a talleres literarios exclusivamente de poesía. En una de esas entré a trabajar a Editorial Novaro por recomendaciones de un amigo, entré como segundo corrector para los cuentos, hice buena carrerita. En un viaje a Tepic me quedé acá otra vez, me pagaron los gastos ahí en Novaro y ya no volví. En la tienda ya no me querían y ya no tenía casa. Cuando regresé me hablaron por que estaban haciendo un suplemento para un periódico nuevo llamado Siglo XXl. Empecé ya de reportero de nota general, traíamos ya las grabadoras. Trabajé en los periódicos de entonces, fui de los reporteros estrella, nos iba muy bien. He sido el único cronista municipal de Tepic, trabajé también en la radio, me gustó mucho la radio, fui director de noticiero. Desde el dos mil nos prohibieron las máquinas mecánicas, había que llevar un disco y ahí llevar todo tu material. Empezaron también entonces las páginas web para el periodismo, me enseñé a medias, colaboraba con amigos. Yo tenía un disco que me había regalado un viejo amigo con fotografías viejas de Tepic. Cuando empezó a utilizarse el Facebook comencé a recuperar las fotos antiguas que tenía. De esas fotos entonces se conocían sólo unas treinta fotos. La última etapa de mi vida ha sido la colección de fotos antiguas que le ha llamado mucho la atención a la gente que está al pendiente de Tepic. Eso estuve haciendo hasta hace algunos dos años, ahora hay un mejor coleccionista que yo que incluso tiene las originales. Soy Premio Estatal de Periodismo, de trayectoria periodística y también tengo un premio de crónica. Mis hijos ya me han dado nietos. Aplausos Grabados es el libro de mi vida del cual ya tengo algo avanzado, es lo que voy a heredar, no tengo nada más. Ahora estamos para la ciudad, estamos colaborando con Tepic. Parece sentimental y lo es, Tepic es un sentimiento para muchos. Es el lugar en el que vivimos y que nos tocó una niñez inolvidable. Se acabaron los medios impresos, me tocó vivir la época mecánica y la digital. Ahora ya no emplean a personas de cierta edad, ya no hay dónde escribir. Yo soy de los que perdieron ese sueño que fui buscando a México de ser viejito bien arregladito, pobre pero elegante, ése era mi sueño. Yo quería ser de esos viejos que podía decir que una calle estaba en mal estado y todo se movilizara. Ser influyente y que una opinión mía se convirtiera en una crítica, así eran los viejos.”

Bernardo Macías, 64 años
Periodista, escritor y poeta
Él es #nayaritadelcentenario
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