Sergio Miramontes

“Soy un humilde trabajador, estuve en la construcción durante veintinueve años. Empecé en el sesenta y ocho y terminé en mil novecientos noventa y siete. Soy originario de Bellavista, Nayarit. Mi padre fue el primer director del seguro social de Bellavista, incluso antes que en México, había seguro por la fábrica. En la época de nosotros se jugaba con muchos juguetes rudimentarios, no éramos muchos chamacos, ahí en la plaza nos juntábamos como unos diez yo creo. Viví muy a gusto mis veinticinco años en Bellavista, la pasaba bien con la palomilla, ahora los muchachos ya tienen otra onda. En esa época no había jardín, estuvo empedrado hasta el cincuenta que lo pusieron, ya tuvimos otra manera de ver las cosas. Teníamos unas bancas muy bonitas de granito, donadas por mucha gente de Bellavista y Tepic. Después pusieron unos tabachines muy bonitos, pero la raíz crecía tanto que levantaba las bancas y empezaban a quitarlas. Luego no sé con qué presidente municipal empezaron a llevar cosas que no querían en Tepic para Bellavista, hasta la hermana agua cayó ahí. Jugábamos futbol ahí enfrente de la delegación, en un cuadro muy bonito, ahí empezamos. Jugamos en Bellavista en infantiles, juveniles y la primera, después se vino la oportunidad de jugar ya en el Tepic en mil novecientos sesenta, cuando yo tenía ya veinte años. Anduvieron buscando talento, buscaban también no pagar mucho dinero porque no era plaza para pagar miles de pesos. Hubo jugadores de Guadalajara, porteros, delanteros, pero eran pocos; no había oportunidad de hacer gastos fuertes. A ellos les pagaban un poquito más. En ese entonces nos ayudó que no había televisión en Tepic, la gente se iba al estadio a ver el partido. Casi no perdíamos ahí, éramos puro jugador local y unos tres o cuatro de Guadalajara. Siete jugadores de Bellavista y todos de muy buena calidad. No nos pagaban mucho, pero nos paseábamos a gusto, tuve una buena época con mis compañeros. Viajábamos en un autobús nuevo que nos compraron en el sesenta y uno, llegábamos a buenos hoteles y teníamos buenas comidas. Me fue muy bien, ya después empezaron los problemas económicos, que una quincena pagaban y la otra no. Una vez casado tienes que buscarle a la vida y ver la forma de salir adelante. Me vine a Estados Unidos, estuve entrenando. Siempre dicen que detrás de un buen hombre hay una buena mujer, y la mía se la ha rajado al cien por ciento. Nunca dice que está cansada. Ella estuvo trabajando veinticinco años en un hospital y al segundo año fue la mejor trabajadora del lugar, algunas compañeras se disgustaron porque ella tenía un mejor sueldo que algunas que tenían diez o quince años trabajando. Tuve mucha suerte en el trabajo también. En ese tiempo tomaba cerveza, vi que no era muy buen negocio ése y pues lo dejé. Cambió mi vida completamente, manejaba mejor, comía mejor y dormía mejor, veía a mis hijos mejor. Duré únicamente doce años en Oxnard y luego me vine a Fullerton. Aquí tenia a mis chamacos chicos, entonces hice un equipo de futbol. Se hizo buen equipito, fuimos a una miniolimpiada que se hizo en Los Ángeles y quedaron campeones. En la preparatoria dos de mis hijos fueron los más valiosos de la liga y entraron becados a la Universidad de Vanguard, después jalaron a otro hermano y ahí jugaron los tres en el mismo equipo. Era difícil pagar por tres jugadores, yo no tenía dinero suficiente. Yo únicamente les daba para gastar poquito. Con el tiempo salieron también los demás de la universidad. He gozado mucho con mis hijos y con mis nietos en el futbol. A raíz del futbol hemos agarrado muchas amistades. Le debo tanto al futbol que no le voy a alcanzar a pagar, aparte de lo que me he divertido y las satisfacciones que he tenido. Cuando uno se da cuenta que la familia salió adelante y que se empiezan a casar y a formar sus familias lo tiene a uno tranquilo. Ya tengo cincuenta y tantos años aquí, toda mi juventud aquí me la pasé. Lo único que sí me pesó, me pesó mucho y a veces lo recuerdo con nostalgia, el abandonar a mis padres. Estaban fuertes mis padres todavía, ya no trabajaban ninguno de los dos, gracias a Dios todo el tiempo los ayudé con poco. Me entristece no haber estado más tiempo con mis padres, aunque iba cada año, no hay tiempo suficiente para estar con ellos y con mis hermanos igual. Nos ha ido muy bien, hemos vivido muy tranquilos. Yo nomás le pido un poco más de tiempo a Dios para seguir viendo más chamacos jugando y graduándose. Para verlos, no hay cosa que sea más satisfactorio para uno.”

Sergio Miramontes, 79 años
Migrante y futbolista
Él es #nayaritadelcentenario
(407)

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