Pedro González

“Si yo volviera a nacer me gustaría que mis padres fueran los mismos y nacer donde yo nací, en un pueblito que se llama Tetitlán. En mi pueblo yo creo que de la gente pobre que había, mi familia era de los más pobrecitos. Mis padres fueron Eduardo González y Gabina López. Tetitlán se encuentra a mano derecha del volcán, en el municipio de Ahuacatlán. Estuve en Tetitlán hasta la edad de seis años, de ahí nos fuimos a un rancho donde vivíamos solos en el cerro, ahí estuvimos hasta los diecisiete años. Estuvimos ahí mis papás y mis hermanos. En ese tiempo éramos diez, fuimos catorce de familia. En mi casa, como éramos tantos, a veces había qué comer y otras veces no había, pero pues gracias a Dios de hambre no se muere uno. Yo veía a mi papá a veces por las noches sentado con los ojos pelones pensando en qué darles a sus hijos para que coman. Cuando empezamos a trabajar nosotros, la cosa se alivianó un poco. Empecé a empujar a mi padre para que nos bajáramos al pueblo y que mis demás hermanos estudiaran; yo no tuve estudios. Regresamos a Tetitlán y mis hermanos pudieron estudiar. En el sesenta y ocho yo me vine a Estados Unidos con veinticinco años. Me vine con una prima a Tecate en un principio, me platicó de una oportunidad para pasar a trabajar a Estados Unidos. Estuve mes y medio en Tecate, hasta que me consiguieron unos papeles con los que empecé a trabajar. Trabajé seis años y medio con otro nombre, estaba larguísimo; para aprendérmelo duré como quince días. Al principio trabajé en una compañía en donde pintaban toallas. Llegaban en blanco y ahí se les pintaba el dibujo según lo que querían. Al tiempo conocí a mi mujer que es de Ixtlán del Río, ella llegó a la misma empresa cuando estaba yo ya trabajando. En julio del próximo año celebramos nuestros cincuenta años de casados. Emigramos cuando tuvimos nuestra primera hija, con el acta de nacimiento de ella arreglamos nuestros papeles como residentes legales. Al tiempo metí solicitud para meterle papeles a mi mamá y a cinco hermanos. A los otros me los traje a la brava, yo me aventaba por ellos. Mi jefita ya murió, igual una de mis hermanas; mi madre está sepultada aquí en California y mi hermana allá en Tetitlán. Los demás aquí andamos, unos en Texas, otros en Arizona, y los demás estamos aquí en el área de Los Ángeles. Nunca fui a la escuela, yo aquí aprendí de grande. Cuando caí aquí, una persona se interesó en que yo aprendiera a leer y a escribir. Cuando yo escribía para mi casa, él hacía mis cartas. Me interesé porque él se propuso a ayudarme, me compraba el periódico y me ponía a marcar las letras con un lápiz. Tenía como tres meses estudiando con él y ya le escribía a mi mamá, ya me hacía entender. Aquí me la he pasado a gusto, es como mi segunda patria, le echa uno ganas y siempre encuentra la manera de salir adelante. Tengo cincuenta y un años en este país que me ha recibido bien. Es difícil la vida en México, voy para allá y me siento bien tranquilo, pero lo que yo creo que ya no me acostumbraría es a trabajar para mantenerme. Cuando voy, veo a las personas que están trabajando y me acuerdo en la forma en que nosotros nos criamos. Me encanta ayudar a la gente, yo necesité ayuda cuando fui pequeño y la verdad es que no es fácil que lo ayuden a uno. Entonces ahora ayudo en lo que puedo con todo mi corazón. Me encontré a unas amistades que tenían un club para trabajar ayudando gente y pues aquí estamos, todos trabajamos de voluntarios y sacamos para ayudar a la gente de Tetitlán. Formamos una familia para apoyar al pueblo en lo que podemos, algunos vienen de Tetitlán cada año a apoyarnos.”

Pedro González, 78 años
Migrante 
Él es #nayaritadelcentenario
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